A veces creamos un personaje pensando que lo estamos inventando desde cero. Elegimos su historia, su voz, sus heridas. Decidimos cómo habla, qué oculta, qué desea. Lo lanzamos al mundo con una mezcla de emoción y curiosidad, sin saber muy bien qué va a pasar. Pero lo que no siempre anticipamos… es que, con el tiempo, ese personaje empieza a devolvernos la mirada.
No lo notas al principio. Es algo que ocurre despacio. Una palabra que dices fuera del rol y no sabes si fue tuya o suya. Una manera de mirar el mundo que empieza a cambiarte los pensamientos. Un límite que antes creías tener… y que, después de una situación de rol intensa, te das cuenta de que se has ido un poquito más allá. Los personajes que creamos, si los roleamos de verdad, no se quedan encerrados en el rol. Se filtran. Y a veces, sin querer, nos enseñan cosas que no sabíamos que necesitábamos aprender.
Puede que interpretes a alguien que perdona con facilidad, y tú —que siempre fuiste rencorosa— descubres que esa forma de soltar te alivia. Puede que te pongas en la piel de alguien que no confía en nadie, y de pronto entiendas por qué tú también levantas barreras. Puede que escribas una escena de ruptura y, sin darte cuenta, estés diciendo en voz alta algo que nunca te atreviste a decir por ti misma. Y es que el roleplay tiene eso: cuando lo vives de verdad, no solo transforma a tu personaje… te transforma también a ti.
Hay personajes que se convierten en espejos. Otros en refugios. Algunos en versiones de lo que fuimos, y otros en lo que aún no nos atrevemos a ser. Pero todos —de una manera u otra— nos rozan por dentro. Y cuando terminamos de interpretarlos, ya no somos exactamente los mismos.
Es curioso cómo algo tan “ficticio” puede ser tan real. Cómo una historia inventada puede tener más verdad que muchas conversaciones sinceras. Cómo algo que empezó como juego se convierte, sin que lo notes, en un espacio de descubrimiento. Porque cuando roleamos desde lo profundo, lo que estamos haciendo no es solo contar historias: estamos atravesando emociones, ensayando respuestas, explorando heridas y probándonos en otras pieles.
Y sí, a veces un personaje te cambia. A veces te obliga a mirar adentro. A veces te regala palabras que no sabías que necesitabas, o te pone frente a preguntas que llevabas tiempo esquivando. Y eso, aunque duela un poco, también es hermoso.
Tal vez eso sea lo más valioso del roleplay: que no solo construimos mundos ficticios, sino que vamos transformando rincones reales de nosotras mismas mientras lo hacemos. Sin manual. Sin guión. Solo con la emoción de saber que, al otro lado del teclado, hay una historia esperando por ti… y quizás, una versión tuya que aún no habías conocido.
DyabloRosa








✍ Cada historia deja una huella.. 😊 Cuéntame qué te ha hecho sentir esta.. ✨